Fundado en 1920 en la ciudad natal de Wolfgang Amadeus Mozart, el Festival de Salzburgo nació con una ambición clara: convertirse en el escenario definitivo para la interpretación de música clásica y ópera al más alto nivel internacional, un objetivo que ha mantenido, con notable consistencia, durante más de un siglo.

Mozart como espíritu fundacional

Aunque el festival no se limita exclusivamente a la obra del compositor, su legado impregna cada edición: interpretar a Mozart en la ciudad donde nació y compuso buena parte de su obra temprana añade una dimensión histórica que ningún otro festival de música clásica puede reproducir de igual manera.

Las mejores orquestas del mundo, cada verano

La Filarmónica de Viena mantiene una presencia central en cada edición, acompañada de directores y solistas considerados entre los más destacados de su generación, convirtiendo cada verano en Salzburgo en una cita ineludible para los grandes nombres de la música clásica internacional.

Jedermann, la obra que abre el festival

La representación de "Jedermann" (Todo hombre), la obra teatral con la que tradicionalmente se inaugura el festival cada año en la plaza de la catedral de la ciudad, se ha convertido en un ritual propio, representada de forma prácticamente ininterrumpida desde la primera edición.

Un legado que sigue vivo

Más de cien años después de su fundación, el Festival de Salzburgo continúa atrayendo a la élite mundial de la música clásica, demostrando que el rigor artístico y la excelencia interpretativa, lejos de pasar de moda, siguen teniendo un público internacional dispuesto a viajar expresamente para presenciarlos.