Pocas prendas han recorrido un camino tan inesperado como el trench coat. Diseñado a finales del siglo XIX por Thomas Burberry a partir de un tejido propio, la gabardina, y adoptado después por el ejército británico durante la Primera Guerra Mundial, nació como equipo de supervivencia y terminó convertido en una de las siluetas más elegantes de la historia de la moda.

De la trinchera a la calle

El nombre lo dice todo: "trench" por trinchera. La prenda se diseñó para proteger a los oficiales británicos del barro y la lluvia constante del frente occidental, con detalles —hombreras, cinturón con anillas en D, solapas que se abrochan hasta el cuello— pensados puramente para la funcionalidad militar. Terminada la guerra, los propios soldados llevaron el abrigo de vuelta a la vida civil, y el mundo de la moda hizo el resto.

El tejido que lo hizo posible

Detrás del diseño hay una innovación textil poco conocida: la gabardina Burberry, patentada en 1888, un tejido de algodón tratado que resultaba transpirable y a la vez resistente al agua, algo que ningún tejido impermeable de la época —generalmente rígido y sofocante— había conseguido combinar. Sin ese avance técnico, el trench nunca habría existido tal y como lo conocemos.

Un icono del cine antes que de la moda

Su consagración cultural llegó, en buena medida, gracias al cine: siluetas envueltas en trench recorren algunas de las escenas más recordadas de la historia del celuloide, asociando la prenda a una idea de misterio y sofisticación que ninguna campaña publicitaria habría logrado por sí sola.

Por qué sigue siendo relevante

El trench de Burberry ha sobrevivido a casi un siglo de cambios en la moda por una razón sencilla: resuelve un problema real —cubrirse con elegancia— con una solución que no ha necesitado mejorarse. En un mundo de tendencias efímeras, hay algo profundamente tranquilizador en una prenda que sigue siendo exactamente igual de correcta hoy que hace cien años.