Cuando The Peninsula abrió sus puertas en 1928, en la punta de la península de Kowloon con vistas al puerto de Hong Kong, se propuso convertirse en "el mejor hotel al este de Suez". Casi un siglo después, pocos discutirían que lo consiguió, ganándose el apodo, todavía vigente, de "La Grande Dame del Lejano Oriente".

Una flota que se convirtió en símbolo

La flota de Rolls-Royce Phantom pintados en un verde jade exclusivo del hotel —un color registrado específicamente para The Peninsula— se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de Hong Kong, transportando a huéspedes desde el aeropuerto en un gesto que resume la filosofía del hotel: el lujo empieza antes de cruzar la puerta.

Arquitectura colonial con alma contemporánea

El edificio original, de estilo colonial británico, convive hoy con una torre añadida en 1994 que multiplicó su capacidad sin renunciar a la elegancia clásica de la fachada histórica, un equilibrio que muy pocos hoteles centenarios logran resolver con esta naturalidad.

El servicio como obsesión

The Peninsula mantiene una de las proporciones de personal por huésped más altas de la hotelería mundial, con un servicio tan meticuloso que se ha convertido, con el paso de las décadas, en el estándar de referencia que otros hoteles asiáticos de lujo intentan igualar.

Un legado que sigue expandiéndose

Desde aquel primer hotel en Hong Kong, la marca ha abierto propiedades en ciudades como Tokio, París y Londres, siempre manteniendo el mismo nivel de exigencia. Pero es en Kowloon, frente al skyline más fotografiado de Asia, donde The Peninsula sigue sintiéndose, casi un siglo después, exactamente en su lugar.