César Ritz, el hotelero suizo que dio nombre a la palabra "ritzy" en el idioma inglés, abrió su hotel homónimo en la Place Vendôme en 1898 con una ambición muy concreta: crear el establecimiento hotelero más perfecto jamás construido, hasta el último detalle de sus instalaciones.
El hombre que inventó el lujo hotelero moderno
Ritz fue pionero en introducir baños privados en cada habitación, algo excepcional para la época, además de electricidad y teléfono en todas las suites. Su obsesión por el detalle —"el cliente nunca tiene razón, pero siempre hay que hacerle sentir que la tiene", solía decir— definió buena parte de los estándares que la hotelería de lujo mundial sigue aplicando hoy.
Una dirección con nombres propios
Coco Chanel vivió en una suite del Ritz durante más de tres décadas, hasta su muerte en 1971. Ernest Hemingway lo frecuentó tanto que un bar del hotel lleva hoy su nombre. La princesa Diana pasó allí su última noche antes del accidente que le costó la vida en 1997, un episodio que marcó para siempre la memoria colectiva asociada al edificio.
Cuatro años de restauración meticulosa
Entre 2012 y 2016, el hotel cerró por completo para someterse a una restauración que respetó escrupulosamente su arquitectura histórica mientras incorporaba tecnología e infraestructura completamente modernas, un equilibrio que pocos proyectos de esta envergadura logran sin sacrificar uno de los dos elementos.
Un símbolo que trasciende la hotelería
Más de un siglo después de su apertura, el Ritz Paris no es solo un hotel: es un fragmento vivo de la historia cultural europea del siglo XX, con cada suite cargando el peso de las historias —literarias, políticas, personales— que ha alojado entre sus paredes.

