Cuando Lamborghini presentó el Miura en el Salón de Turín de 1966, ningún fabricante de coches de calle había colocado antes un motor V12 en posición central-trasera. La decisión, tan arriesgada técnicamente como visualmente audaz, no solo dio origen a un modelo: inauguró, de facto, la categoría entera del superdeportivo moderno tal y como la entendemos hoy.
Una apuesta que nadie había hecho
Ferrari, el gran rival de Lamborghini en aquellos años, seguía fabricando sus modelos de calle con motor delantero, reservando la configuración central exclusivamente para sus coches de competición. Lamborghini rompió esa convención sin dudarlo, trasladando la tecnología de las pistas directamente a la carretera pública, un gesto que resultaría profético.
Una carrocería que parecía escultura
El diseño, obra de Marcello Gandini para Bertone, con apenas veinticinco años en el momento de crearlo, prescindió de las líneas rectas dominantes en la época a favor de curvas tensas y proporciones bajísimas que hacían que el coche pareciera estar en movimiento incluso detenido. Las icónicas "pestañas" sobre los faros abatibles se convirtieron, de inmediato, en firma reconocible de la marca.
El coche que sedujo a Hollywood
Su aparición en la escena inicial de una célebre película de acción de finales de los sesenta consolidó al Miura como objeto de deseo mucho más allá del mundo del motor, convirtiéndolo en una de las primeras superestrellas automovilísticas de la cultura popular internacional.
El legado que sigue definiendo a Lamborghini
Más de medio siglo después, cada superdeportivo de la marca —desde el Countach hasta los modelos actuales— sigue heredando la misma filosofía que estableció el Miura: motor central, diseño que prioriza el impacto visual sin sacrificar la ingeniería, y la convicción de que un coche deportivo, ante todo, debe atreverse.

