Disputado por primera vez en 1877, Wimbledon es el torneo de tenis más antiguo del mundo, y el único de los cuatro Grand Slam que se sigue jugando sobre hierba natural, una superficie cada vez más rara en el circuito profesional por el mantenimiento extraordinario que exige.
El código de blanco riguroso
Ningún otro torneo de tenis exige a sus jugadores vestir completamente de blanco, una norma que se remonta a la época victoriana, cuando el color blanco se asociaba con la elegancia y disimulaba las manchas de sudor consideradas socialmente inapropiadas. La regla se mantiene, casi intacta, siglo y medio después.
Fresas con nata, una tradición inamovible
El consumo de fresas con nata durante el torneo se ha convertido en un ritual tan reconocible como el propio tenis: cada edición se sirven varias toneladas de esta combinación, una costumbre que se remonta a los primeros años del campeonato y que el club se ha negado sistemáticamente a modernizar.
El Palco Real y la realeza británica
La presencia habitual de la familia real británica en el Palco Real de la Pista Central refuerza el vínculo histórico del torneo con la aristocracia del país, un protocolo que incluye reverencias tradicionales hacia el palco, mantenidas durante generaciones incluso cuando otros torneos abandonaron gestos similares.
La resistencia deliberada al cambio
En una época en la que buena parte del deporte profesional se ha modernizado agresivamente, Wimbledon ha optado por lo contrario: proteger conscientemente sus tradiciones como parte esencial de su identidad. Esa resistencia, lejos de restarle relevancia, es precisamente lo que sigue distinguiendo al torneo del resto del calendario tenístico mundial.

